Muestra Audiovisual Aragonesa

Una Zaragoza portuaria y con metro

Una Zaragoza portuaria y con metro

15 Dic, 2014

Dentro del ciclo “Zaragoza, territorio de cine” que es el tema transversal de ProyectAragón en su VIII Edición, se proyectó l 15 de diciembre de 2014, en la sala Cai Luzán de Zaragoza, el largometraje Culpable para un delito, de José Antonio Duce, 1966, e

En la presentación contamos con Luis Antonio Alarcón, crítico cinematográfico y autor de un artículo sobre el film para el catálogo Travesía, el audiovisual aragonés, 2003, y con Francisco Javier Lázaro, historiador de cine y autor de la tesis sobre Duce que publicará próximamente la Institución Fernando El Católico. Ambos nos contaron detalles sobre la obra de este director zaragozano y las anécdotas y localizaciones del film. Los espectadores que llenaban la sala disfrutaron de este film noir en blanco y negro, así como del juego de “adivinanzas” acerca de los lugares donde fue rodado en la ciudad de Zaragoza.

El periodista Pedro Zapater escribió ese mismo día un magnífico artículo sobre el film, en el que participaron nombres muy conocidos de la vida cultural y artística de nuestra ciudad en esa época como Miguel Labordeta, Manuel Rotellar o Pilar Delgado.

Y hoy el periodista Juan Antonio Gordón nos regala este texto y estas dos fotos de ayer y de hoy:

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CULPABLE PARA UN DELITO

Ayer tuve la ocasión, el privilegio, de poder ver (por fin) “Culpable para un delito” (José Antonio Duce, 1966). Gracias gracias a Vicky Calavia por su capacidad para transmitir pasión por lo que hace y despertar en mí la curiosidad. Y a Pedro Zapater, que escribió un texto estupendo en Heraldo hablando de la peli.

“Culpable” me gustó mucho, no sólo por las cosas por las que, habitualmente, te interesa una película sino, también, por ese juego de pistas que supone el ir identificando los lugares en los que se rodó, una Zaragoza en parte hoy desaparecida y que es retratada de manera pretendidamente ambigüa. La ciudad de la película, nunca identificada, tenía metro y puerto marítimo, era oscura, tensa y fría.

La película cuenta la historia de un tipo al que intentan endosar un asesinato (luego son dos) que él no ha cometido. Una cinta policíaca al más puro estilo.

Ayer me impactó que una de las secuencias clave –cuando el pobre protagonista se fuga de la policía para intentar encontrar a los verdaderos culpables- se desarrolle en un pasillo por el que yo hago, cada día, decenas de viajes arriba y abajo.

Me ha dado, también, un repelús confirmar que la Zaragoza de hoy tiene, a días, la misma querencia por lo oscuro y lo tenso. Al menos una parte de esa Zaragoza, esa de la que son “propietarios” los poderes habituales. No tenemos metro, sino tranvía, y tenemos riberas del río, aunque no un puerto “comme il faut”.

Pero por esos mismos pasillos que podéis ver en las fotos, hoy, 47 años después del estreno del filme, también se hace circular a falsos culpables en una caza política que a mí, francamente, me da mucha vergüenza ajena. La actualidad es así.

Al final, en la película, la verdad se impone. Esperemos que aquí, también, tengamos un final feliz.

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