Muestra Audiovisual Aragonesa

El documental como retrato de la realidad es imposible

El Periódico de Aragón. 1/12/2007 (Mario Gracia)

Javier Calvo
DIRECTOR Y GUIONISTA DEL DOCUMENTAL ‘UNA PALABRA: MUJERES EN CENTROAMÉRICA’, UNA INICIATIVA DE MPDL CON LA SUBVENCIÓN DEL GOBIERNO DE ARAGÓN Y EL APOYO DE LA CAI-ASC. EL DOCUMENTAL SE PROYECTA EL MARTES DÍA 4, A LAS 19.30 HORAS, DENTRO DE ‘PROYECTARAGON’. PROFESIONAL DEL AUDIOVISUAL DESDE HACE DIEZ AÑOS, VINCULADO A LA REALIZACIÓN Y EL GUIÓN. EN LOS ÚLTIMOS 5 AÑOS HA TRABAJADO PARA LAS PRODUCTORAS OVIDEO, EL TERRAT, MANGA FIMS, UNIVERSAL, CANAL PLUS Y PLATFORM BIGAS LUNA EN TRABAJOS DE VIDEOCREACION, PUBLICIDAD, INSTALACIONES PARA MUSEOS. (FUNDACION MIRÓ, TORRE AGBAR), DOCUMENTAL (‘AUTOMATIC IMPERFECTION’, MARLANGO) Y MATERIAL PROMOCIONAL PARA CINE. EN ARAGÓN, SU ÚLTIMO TRABAJO SE REMONTA AL 2005, EL AUDIOVIUSAL QUE REPRESENTÓ A LA COMUNIDAD EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE 2005 CELEBRADA EN AICHI.

–¿Qué realidad retrata en este documental?
–El documental es un retrato de la situación actual de la mujer en Centroamérica: problemas de educación, hambre, explotación laboral, violencia (el fenómeno del feminicidio) pero también he intentado reflejar su enorme energía, sus ganas de salir adelante, de organizarse, aun en las peores circunstancias.
–¿A qué se refiere con «feminicidio»?
–Por triste que parezca, es algo bastante lógico. Si en el primer mundo asistimos todavía diariamente a episodios de violencia, vejación y discriminación contra las mujeres, en el tercer mundo, las mujeres sufren una doble marginación. Y esto produce una dramática paradoja: las mujeres viven condenadas a la invisibilidad y a pesar de ello son los auténticos motores de la vida cotidiana.
–En España se habla mucho de la violencia machista, ¿hay cierto paralelismo con la que sufren las mujeres de Centroamérica?
–Sí, tristemente, la violencia contra las mujeres parece tener un carácter universal. Por lo visto los hombres, también en estos países, andan perdidos, sin encontrar su lugar en la sociedad actual, en la que la mujer, por fin, tiene otro papel. Aparte, en Centroamérica existen por desgracia otro tipo de problemas sociales que se suman a los que tenemos aquí.
–El documental es una iniciativa del MPDL. ¿Qué trabajo desarrolla la oenegé?
–Actualmente, el trabajo de MPDL en Guatemala se centra en la promoción de la participación civil, a través de proyectos de comunicación en los que participan la sociedad guatemalteca, la sociedad civil europea y el grupo de donantes del país. En Honduras trabajan en el departamento de Yoro con intervenciones en seguridad alimentaria, construcción, sanidad y cooperativismo en sectores de población con enormes carencias.
–¿Cuáles son hoy las mayores necesidades de las mujeres de la región?
–Hay que partir de la base de que estas sociedades son muy machistas y el papel de la mujer siempre ha estado en un segundo plano. Los abusos a las mujeres son continuos e incluso admitidos socialmente. A esto se le une una economía precaria, la escasa educación y limitaciones al acceso a la sanidad, de las que siempre se les desplaza o por lo menos se les mantiene en un segundo lugar. Por la tanto el libre acceso a estos derechos es primordial ya no sólo como avance de las propias mujeres sino de las familias y de la sociedad. El apoyo y capacitación es fundamental para que se vayan produciendo cambios sociales.
–A pesar de la dureza de la realidad retratada en la película, ¿son estas mujeres protagonistas de sus propias vidas?
–Sí, son protagonistas, hasta un punto que cuesta imaginar desde aquí. He conocido a mujeres que tras la enfermedad de un hijo o la desaparición de su marido, lejos de hundirse, de caer en el abatimiento o en la pobreza, se han levantado y no sólo han rehecho sus vidas sino que, en muchos casos, han ayudado a mujeres de su comunidad a rehacer las suyas.
–Usted asegura que ha intentado huir de «de una tendencia demasiado habitual en el documental social», en referencia a «esa mirada un tanto paternalista, pesimista y caritativa de la que hacen uso demasiados documentales sobre el tercer mundo». ¿Cómo lo ha enfocado para evitarlo?
–Lo primero que me planteé es que no quería utilizar la voz de un narrador: no quería contarlo yo, quería que sus vidas las contaran ellas mismas. Considero que existe una línea muy fina y muy fácil de cruzar entre la cooperación y la caridad, sea a nivel de oenegés o a través de la mirada de un documental, yo he intentado no cruzarla.
–Pero, mediante la selección inevitable que implica el montaje, imagino que no ha podido evitar darle un sesgo personal, ¿no?
–Yo pienso que el documental es en realidad el género más vulnerable, el más sensible a la subjetividad. La misma pretensión de realidad es lo que lo convierte en el género más propenso a la falsedad. En una película de vaqueros, todos sabemos a lo que jugamos; en un documental, pensamos que lo que estamos viendo es real. Considerar el documental como un retrato de la realidad es para mí algo imposible: al fin y al cabo, no es más que mí visión de la realidad y tan sólo puedo pretender llegar a eso.
–Usted dice que en la cinta ha intentado «ensalzar el valor de mujeres de distintos estratos sociales, distintos niveles culturales y distintas expectativas». ¿Qué tienen en común las historias de estas mujeres?
–Sin duda, las ganas de luchar, la energía que despliegan, la capacidad de organización y la confianza en el futuro, en su futuro.
–Usted ha desarrollado casi toda su carrera en el campo de la ficción. ¿Se nota en el estilo narrativo del documental?
–Es que en realidad yo no veo una línea que marque una diferencia entre géneros, el documental es otro género cinematográfico y ha de utilizar los recursos del cine, no lo entiendo de otro modo. Pero no hay que olvidar que la decisión por parte del espectador de ver un documental ya exige una cierta implicación por su parte.
–¿Por qué ha elegido Honduras y Guatemala? ¿Qué tiene de particular la situación de las mujeres en estos dos países?
–Son dos países que ya conocía, en los que me resultaba más fácil moverme, en los que trabaja desde hace tiempo el MPDL y en cuanto a la situación de la mujer, son dos de los países con más pobreza y problemas sociales de toda Latinoamérica.
–¿Qué importancia tienen en el relato los dos escenarios en los que se desarrolla el documental? Porque hay dos partes diferenciadas: la gran urbe en Guatemala, en contraste con el mundo rural de Honduras. ¿Qué coincidencias y qué diferencias hay en la realidad que viven sus protagonistas en función de su procedencia?
–Las coincidencias son precisamente la línea argumental del documental. Mujeres de distintos estratos sociales, de distintas capacidades que parten de situaciones complicadas, incluso dramáticas y mediante su fuerza y energía dan un vuelco a su vida y convierten algo malo en bueno. Las diferencias básicamente son de orden sociológicas, económicas y dadas por la situación del ambiente en el que viven. Si en Guatemala las mujeres con las que hemos contactado tienen problemas derivados de la falta de derechos humanos; en Honduras hemos ido hacia un terreno más rural en el que, aparte de estos problemas hay otros más básicos que se convierten casi en una cuestión de supervivencia.

.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox

Join other followers